¿Es que nadie puede alegrarse sin más? ¿No hay nadie que se resigne y punto?
Como aficionada al fútbol que soy, no puedo por menos que volver a hablar del deporte rey. No me queda más remedio que comentar el tan mediático partido de semifinales de Champions.
Que conste que con estas palabras no pretendo hacer apología de nada, ya que si fuera mi caso (como lo fue el año pasado en la final de Copa del Rey), probablemente otro gallo cantaría. Pero como esto es mi blog escribo "lo que me sale del bolo" -como titula el suyo Mercedes Milá-.
Más allá de piques, debates y polémicas, lo único que quiero destacar son los comentarios post-partido. Si ya el ambiente se calienta antes del inicio y continúa durante el encuentro, cuando el árbitro pita el final llega el apogeo. Como si no hubiera un mañana todo el mundo se apresura a celebrar o a resignarse...
¿Seguro? No. Para nada...o por lo menos no es eso lo que muestran. No creo que acordarse de la madre de los seguidores del rival sea la mejor manera de aceptar una derrota. Ni mandar a tomar por culo a los otros lo idóneo para celebrar una victoria. La máxima rivalidad existe, es innegable, pero el respeto debería estar por encima de todo. Al fin y al cabo y como se suele decir...el fútbol es así ¿no?
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